EL SURIndependencia

Haitianos en Jimaní: “Nadie para esto”

Guillermo Pérez

Otros entran sin menores dificultades por los espacios abiertos, sin vigilancia, puntos escabrosos por donde resulta imposible el control.

Independencia.- Mucho enojo y resignación, con esto está viviendo y aprendiendo a convivir por siempre la población de Jimaní, la capital cabecera de la provincia Independencia, al lado de una enorme masa de indocumentados que han llegado y continúan entrando, como torrente humano, para quedarse.

La presencia de indocumentados de Haití es cada vez mayor en los vecindarios, donde, al hacer asiento en sus tierras, le arruinaron los sueños de crecimiento de sus comarcas, bajo costumbres y forma de vida dominicana.

Si alguien cuenta una historia contraria, miente. Haití esta aquí. Parece bastante tarde para impedirlo. Están entremezclados con los habitantes locales, resultando problemático distinguir entre quienes son más o son minoría aquí.

Llegué aquí y pregunté a ciudadanos, en cualquier lugar. La respuesta ha sido la misma. Llana y tajante: “Nadie para esto”, o “ya es muy tarde”. Aquí todos se han cruzado de brazos, desde el ciudadano común hasta el más “puro” nacionalista, desde los grupos rebeles hasta el protestante solitario.

Es como si a nadie le importa el caso, pero la realidad es que, desde los poderes de decisiones del Estado ha habido mucha inercia para actuar, algo que también tiene sus explicaciones.

Hay presión exterior para dejarlo “todo así”. Y eso está claro aquí. Así que, entonces, los pueblos en esta zona parecen haber entendido el caso, y comprenden qué de nada les vale resistirse.

Por este lado de la frontera no hay manera de parar el tropel haitiano que entra y se establece aquí a su antojo, incluso esta contando con ayuda de familias que acogen a sus hijos y se comprometen a gestionarle inscripción en las escuelas.

La historia conocida aquí, de primera mano, incluso por actores con responsabilidades claves en los asuntos fronterizos, rompe de cuajo el cliché de que canta la historia de una frontera cerrada a la migración ilegal.

Con excepción de aquellos haitianos que participan en el mercado bilateral, que al negociar sus productos se marchan al lado haitiano, otros entran sin menores dificultades por los espacios abiertos, sin vigilancia, puntos escabrosos por donde resulta imposible a las fuerzas de vigilancia establecer controles.

Ciudadanos hablaron abiertamente de la realdad que vive la gente de Jimaní. Enfrentan la historia repetitiva de que hay controles estrictos en esta demarcación para impedir el flujo de indocumentados.

Por aquí entra quien quiere. Se establecen y traen consigo a sus familias. Unos trabajan o se involucran en el mundo de las droga, el crimen o la prostitución.

El drama de millares de hambrientos haitianos que buscan entrada aquí para sobrevivir es explotada por el negocio miserable de traficantes de ambos lados del territorio que se combinan en una degradante labor de explotación humana.

Y en esto no están solo, porque no es posible ingresar desde Haití en trasporte de motocicleta, como ocurre casi a diario, luego llevados a una parada de guaguas y saltarse varios puestos de chequeos hasta llegar a su destino, en las profundidades del territorio nacional, sin tener cómplices.

Muchos problemas 

Migración.

Un oficial de Migración dijo a Listín Diario que se esta trabajando en la repatriación de indocumentados, pero admitió que hay demasiados puntos por donde estos retornar, mientras otros hacen su entrada por primera vez.
“Esto es difícil”, dijo. “Aquí hay muchos problemas”, agregó.

La fuerza militar esta haciendo su trabajo aquí, con mucho tesón, especialmente el Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza(Cesfront), pero el trabajo es demasiado para esta gente.

Antonio Luciano

Comunicador y Periodista Digital, egresado del Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA).

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